18 jul. 2015

Animales Mapochoes

La boca en la cordillera de los andes
y los pies en el mar.

El aire puro entrando como alimento
traído ida y vuelta por un cóndor envejecido con los astros
y tragado nieve.

Bajas por la garganta tierra mutando puma
y regando. Gotas, garganta y caudal apretándose.

Ahí, en plena manzana de adán,
viene el bolo obsceno de santiago siglo veintidós
y la grasa y los malos humos y la palabra de apellidos y los papeles del dinero y el trago del mal humor y la sangre sistemática.
Es un vómito inverso.
Revientan las olas óleas y un mar de leche agria y heces se acumulan en la glotis cuica.

De ahí en adelante ya no hay brazos ni manos, ya no hay piernas, sólo un tubo digestivo infecto.
Y nuestro corazón cerro welen apenas te roza con el rabillo del ojo.

Mapocho, deberíanos alimentarnos de sangre y llenarnos el valle, pero ¿cómo?
Te cortamos las venas, taponeamos los conductos, barricadas de cal y lodo y pavimento más pavimento. Tu cuerpo diseccionado en calles con nombres de milicos.

Y tú: marginal
lejos, un hilito de serpiente.
Una sombra de esa bocanada lacra.

Hermano mayor, te miro desde pudagüel
y no te puedo venerar y lloro lágrimas secas
polvorientas lágrimas en esta salitrera metropolitana
/
llenas las calles de nostalgia
cuando plena jugueteaban a cántaros llenos tus besos acuosos
y nos dabas nombres y las gentes se hacían mujeres y hombres al ritmo de tu caminar.

Hace millones de años este valle nació y llenó su panza de la leche terrestre y fuimos un mar
y luego un pequeño mar y luego ya no fuimos mar y luego un pequeño lago y seres y miles de años fueron muriendo a su paso y murieron el lago y fuiste un cuerpo humano hasta que llegamos a aniquilarte.
Último testigo hídrico, viejo y cansado, vengo a disculparme. A pedir perdón por los animales muertos, por los mapochoes muertos, los diaguitas y atacameños muertos, los promaucaes muertos, los pikunche e inkas muertos, los españoles muertos, los criollos y mestizos muertos, por los gitanos y los esclavos africanos e indígenas muertos, por los inmigrantes muertos, por los chilenos muertos, por los habitantes de las callampas muertos, por los homosexuales muertos, por los muertos en dictadura que eran arrojados como hijos no deseados a tu lecho y que monjas y curas rojos recogían y enterraban por las noches para darles cristiana sepultura.
Y hoy que tus visitantes son la basura y los niñxs de la calle y los volaos en pasta sigues ahí. Mirando como todo y todos pasan y nosotros seguimos siendo animales mapochoes sin saberlo.

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